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Carta de vuelta

  El sonido de tus gestos al caminar, el cálido refugio de tu danzar, el alivio del alma al besarte, el marullo de las entrañables vivencias en tu lugar, las vistas de tu cabello en el pálpito de los cuerpo en el contemplar, con el camino provisto del calor de tus interiores, tus manos en mi piel, tus gemidos en mis oídos, tus ojos en los míos.   Tus palabras me han descolocado, como una cuerda que enredad, solo quiere ser liberada por las manos que sabias, han de quitar los nudos, para liberar la tensión de los cordeles, como olas al viento, como juegos en un sentir, como tu en tus aposentos, desnuda de placer, con una tela verde cubriendo tu hermosura, con un gesto entre manos de caricias en la calenturas, con el gustoso sabor del lugar donde tus largas piernas se congregan y aparece la gloriosa majestuosidad de tu placer, subiendo por tu cuerpo que se convierte en vida, que se convierte en tumulto de sensaciones, de manifiestos, de piel desinhibida llevando al extremo m...

Super_mercado

 De las cosas variadas que un tiempo no llevó a cabo la excitación, comenzamos a mordisquear los alaridos que la calentura nos llevaba a producir. Así una mañana nublada en donde el encuentro matutino, fue alentador para el alma, y caliente para el pensar y el deseo que nos completaba, es que decidimos probar suerte e incursionar en uno de los baños de aquel lugar, el cual cerca del laburo estaba.  Tomados de las manos, nos separamos antes de la entrada con el plan ya hecho. Entramos como personas separadas, pero en nuestras miradas, una calentura crecía más fuerte, el corazón me latía y el punto se iba acercando. La entrada a lo baños, con una curva oculta hacía la derecha, la cual se desprendía en dos, para dar paso al baño de mujeres y al de hombres, cada uno fue al suyo. Al cabo de unos minutos, salí raudo y cauto, entrando al que antes de la bifurcación aparecía, el baño de discapacitados. Cerré con pestillo y esperé el sonido de tu llegada, como un aviso de nuestro compr...