Carta de vuelta
El sonido de tus gestos al caminar, el cálido refugio de tu
danzar, el alivio del alma al besarte, el marullo de las entrañables vivencias
en tu lugar, las vistas de tu cabello en el pálpito de los cuerpo en el
contemplar, con el camino provisto del calor de tus interiores, tus manos en mi
piel, tus gemidos en mis oídos, tus ojos en los míos.
Tus palabras me han descolocado, como una cuerda que enredad,
solo quiere ser liberada por las manos que sabias, han de quitar los nudos,
para liberar la tensión de los cordeles, como olas al viento, como juegos en un
sentir, como tu en tus aposentos, desnuda de placer, con una tela verde
cubriendo tu hermosura, con un gesto entre manos de caricias en la calenturas,
con el gustoso sabor del lugar donde tus largas piernas se congregan y aparece
la gloriosa majestuosidad de tu placer, subiendo por tu cuerpo que se convierte
en vida, que se convierte en tumulto de sensaciones, de manifiestos, de piel desinhibida
llevando al extremo mis hormonas, con un gesto te poseo, con una salida nos
poseemos, vibrantes del gusto, con visiones de calor, manifestaciones de ardor,
un placer de deseo, el que no se nos ha ido y que a pesar de las lejanías, siento
ha crecido tanto en intensidad como en cantidad, donde mirando tu rostro, entre
gemidos, palabras de placer, vociferaciones, rasguños, palmadas, vueltas y los
inventos del momento, nos disfrutamos el uno al otro. Te miraba aquella noche por
instantes entre mis embestidas y las tuyas, para disfrutar de tu rostro excitado,
exhalando gemidos, tus ojos disfrutando, tus manos en mis nalgas apretando
contra ti, al ritmo de lo que tanto nos necesitamos, en el punto donde la
fusión de nuestros cuerpos, tan dentro de ti, como tu tan pegada a mí.
Comentarios
Publicar un comentario