Super_mercado
De las cosas variadas que un tiempo no llevó a cabo la excitación, comenzamos a mordisquear los alaridos que la calentura nos llevaba a producir. Así una mañana nublada en donde el encuentro matutino, fue alentador para el alma, y caliente para el pensar y el deseo que nos completaba, es que decidimos probar suerte e incursionar en uno de los baños de aquel lugar, el cual cerca del laburo estaba.
Tomados de las manos, nos separamos antes de la entrada con el plan ya hecho. Entramos como personas separadas, pero en nuestras miradas, una calentura crecía más fuerte, el corazón me latía y el punto se iba acercando. La entrada a lo baños, con una curva oculta hacía la derecha, la cual se desprendía en dos, para dar paso al baño de mujeres y al de hombres, cada uno fue al suyo. Al cabo de unos minutos, salí raudo y cauto, entrando al que antes de la bifurcación aparecía, el baño de discapacitados. Cerré con pestillo y esperé el sonido de tu llegada, como un aviso de nuestro compromiso, los segundos se hicieron eternos, y el punto de tu llegada no se hacía presente nunca, hasta que en unos de esos instante infinitos después, el cielo se abrió y ahí estabas tu, tras la puerta, con tu hermosos ojos, tus labios llenos de deseo, tu cuerpo, unos senos boluctuosos, tus caderas danzantes y provocativas, tu trasero, que gran trasero, y el ánimo de ser penetrada en ese oculto lugar. Así al entrar nos besamos fugosamente, mientras sacábamos algunas de nuestras ropas, sería un sexo rápido, por la calentura que nos llevaba, bajaste tus labios hacía mi entrepierna y bajaste con sus suaves manos mi pantalón, mi pene erecto te pegó en la cara y tu mirada de excitación, hizo que mi ser erecto, se pusiera como una piedra ante tu imnensa calentura. Lo introdujiste en tu boca, deborándolo por completo, desde su cabeza, pasando por el tronco hasta choca con tu garganta en ese punto donde te encanta tenerlo, así que apreté tu cabeza contra mi y tu ser solo pedía que lo metiera más y más. Imaginaba tu vulva, ese mar del juego de cielo que tanto amo beber. Así te lo sacaste de la boca y por unos momentos más, lo metiste dentro de tu boca de manera deliberada, haciendo que se llenase de tu baba y tus ojos rojos se apoderaban de tu placer. Así que tomando tu pelo, te hice subir, te besé y el sabor de mi pene seguía en tu boca, así como la locura en tu rostro. Así que te di vuelta, subí una de tus piernas encima del inodoro, y por detrás de ti, subí el vestido que llevabas, uno color rojo, en donde pude apreciar tu trasero, corrí hacia un lado tu colaless y con mis dedos, pude sentir la humedad de tu vulva, la cual apreté de manera despacio pero caliente y un par de gemidos salieron de ti, introdije mis besos en tu vagina solo para saborear el sabor que tu sexo tenía, moví un poco mi lengua y al salir tu ser de mujer excitada, me suplicadaba con la voz de putita que pones, que te penetrara, te diera como te gusta, entre el color de tus gemidos, el sabor de nuestros besos, el aroma a sexo que se producía al frotar mi pene en tu vagina, cuando introducía todo mi ser en el tuyo. ¡PENETRAME!, me dijiste justo en el momento en el cual ponía mi erecto miembro en el rio de jugos vaginales que tu entrepierna liberaba. Así que a pedido de tu excitación me dispuse a introducirme dentro de ti, y saciar nuestro hambre de placer. Uno gemido aparecío en cada uno de nosotros, el punto se convirtío en un sonido de embestidas, mientras te tomaba las caderas y te daba fuerte, así como me lo habías pedido unos minutos antes de entrar. El tiempo se hacía infinito mientras nuestros cuerpos excitados querían desprender el orgasmo que tanto anhelabamos. Tus senos saltaban con fuerza al chocar contra ti, tu ser desinibido gritaba de placer como la putita que eres y me pedías más y más, así que seguí sin pensar en lo que sería el final de este glorioso acto. Así fue que con el aumento de tu palpitar y tus manos abriendo tu culo, para sentir más adentro mi pene, tu orgasmo llegaba, fue de a poco, aligerando la carga que ya se venía, y entre los dichos de tu placer, el resonar de mi nombre entre tu voz excitada y el clima de la calentura, acabaste, fue fuerte, fue rico, fue un orgasmo de placer incontrolable en donde tu cuerpo se fue hacía adelante mientras mi pene se salía de tu vagina. Pasaron unos segundos y recobraste el aire, aunque sin perder el tiempo en la posición medía caída, ya estaba dándote para darme el placer de llenar tu vagina de mi leche, la que me pedías que depositara en tu mojado y caliente interior. Dame la leche mi amo, dámela toda, quiero sentir tu calor, ACÁBAME amor ACÁBAME, y así entre tus palabras, llené tu ser de mi semen, que se sentía muy rico en tu profundidad, como ese lago de placer entre tus jugosyy mi leche. Te volteaste, lamiste mi pene de manera de dejarlo limpio para irme a trabajar y tu. recobraste el aire que ahí ya poco quedaba. Subiste tu ropa sin antes darme un beso el cual tenía entre tus labios, un sabor al semen que sacaste de mi verga, la cual acariciabas con tu mano. Me encanta tu pene, decías con voz de satisfecha. Un beso más aparecío y nos fuimos poniendo nuestras ropas, para volver a la vida normal, después de tal hazaña.
Así que ya vestidos, salimos uno después de otro, nadie lo notó, nadie se dio cuenta de nuestro alboroto, solo nos fuimos separados para reencontrarnos unos metros afuera de aquel lugar. Nos besamos por la hazaña cumplida y nos despedimos, llenos de amor, y tu vagina, imaginaba seguía mojada y llenita de mi leche, de mi semen, de ese liquido que amas tener en tu interior.
Pronta entrega
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